El Descendimiento

Había muchas dudas y alguna certeza a primeras horas de la tarde. Dudas porque el frío, el fuerte viento en ocasiones, la lluvia y hasta el granizo en otras hacían temer la suspensión de todo lo previsto para la tarde del Viernes Santo. La certeza era que si se enclavaba el Cristo a media tarde, se hacía el Descendimiento en su versión normal o abreviada, pero se hacía. A las cinco, hora prevista, no se hizo el enclavamiento. Un poco más tarde y aprovechando un claro en el temporal el Santo Cristo estaba en la cruz, escoltado por dos hermanos con el hábito de monjes de la escenificación. Habría pues Descendimiento.

Y a la hora prevista, las siete y media, tras tres campanazos de advertencia y el ‘Eli, Eli lamma sabachtani’ del narrador el cortejo fúnebre salía de la Catedral para recoger el cuerpo del Señor. El aire frío y la lluvia ocasional fueron un acicate para los hermanos y hermanas del Sepulcro porque sincronizaron perfectamente sus movimientos e hicieron especialmente emocionante toda la escenificación preparada. Tras el cariñoso y piadoso descendimiento del Señor el cortejo entraba con las andillas que transportaban al Yacente al filo de las ocho de la tarde. A esa hora debía arrancar la Procesión del Santo Entierro pero las malas previsiones meteorológicas hicieron posponer media hora el posible arranque con la advertencia de que a esa hora, si las previsiones climáticas no mejoraban, como así fue, se procedería a procesionar por el interior de las naves de la Catedral.

Meritoria labor de los elegidos para la función y meritoria la presencia de numeroso público en la Plaza de la Inmaculada que supo aguantar el temporal y dar algo de calor en esa tarde fría.

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El Santo Entierro

A las ocho de la tarde estaba previsto que arrancara la Procesión del Santo Entierro desde la Catedral de San Antolín. A esa hora llovía ocasionalmente en el exterior. Cumpliendo el preceptivo reglamento se esperó media hora antes de suspender definitivamente la marcha. A cambio, y como ya sucediera el Viernes de Dolores en la Procesión de la Sentencia se hizo la estación de penitencia por el interior de la Catedral.

El público que había acudido en gran número a ver el Descendimiento y a esperar la salida de la procesión abarrotó las naves catedralicias. La marvillosa acústica del templo ensalzó las marchas de la Banda de Cornetas y Tambores del Santo Sepulcro, así como la Despedida de la Virgen del Cristo Yacente a cargo de la Banda Municipal a los sones de Caridad del Guadalquivir. El acto quedó realmente bonito y emocionante, ensalzado por el bello escenario catedralicio.

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