La Quinta Angustia en la noche palentina

También en la tarde del Miércoles Santo se miraba mucho al cielo y más a las previsiones meteorológicas de los dispositivos móviles. Todos más o menos interpretábamos los mapas de isobaras y el movimiento del radar meteorológico. Pero las primeras horas del Jueves Santo mostraban un cielo con grandes claros y la luna iluminando las calles.

Faltaban pocos minutos para las cero horas, el silencio reinaba en la capilla del Santo Sepulcro. la Cruz de Guía al frente, las filas preparadas, los cargadores de la Virgen junto al paso, detrás el coro.

Tras la oración introductoria del Alcalde Trigueros, suena el tararú, se abre la puerta y el riguroso silencio se extiende a la calle Lope de Vega y luego a Valentín Calderón. El coro entona el Stabat Mater y el sonido de la caja marca el paso de carga.

La Virgen de la Quinta Angustia, de Antonio de Amusco, del siglo XVI, está en la calle, arropada por los cofrades del Santo Sepulcro y de las cofradías hermanas y de centenares de personas que nos acompañan. Serán más al llegar al Convento de las Claras para presenciar el acto de recogida de la cruz desnuda y el canto del Avemaría gregoriana.

De las Claras a la Plaza de San Francisco, donde tiene lugar la estación de penitencia ante la cruz desnuda y la imagen de la Virgen. La promesa cofrade, un soneto a la Virgen de la Quinta Angustia  y el canto de la Salve gregoriana dieron paso a la continuación del recorrido hasta la capilla de la cofradía donde se despidió la Virgen en medio de la salve popular, incoada por el coro.

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