Camino, Verdad y Vida

Por 20 septiembre, 2018Cofradía 2.0
Septiembre de 2018

Camino, Verdad y Vida

Reflexiones del Camino de Santiago


“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”
Demian, Hermann Hesse (1919).

Muchos se sorprenderán que la cofrade 2.0 traiga a este portal web una reflexión sobre el camino, sobre andar hacia un destino, sobre la vida, a fin de cuentas. Este verano acompañé a un grupo de jóvenes hermanos de mi Cofradía en un camino, no cualquier camino, sino el camino por excelencia, ese que lleva hasta la tumba del apóstol Santiago. Y digo acompañé, si es que primeramente no me acompañara a mi misma, pero bien saben los senderistas, que para caminar hace falta un buen bastón en el que apoyarse cuando las fuerzas flanquean.

Camino de Santiago, Peregrinación, Campus stellae,… e infinidades de sobrenombres son los que recibe esta experiencia de fe, repito, de fe, que agolpa a miles de peregrinos diarios en la Plaza del Obradoiro. Y ahora bien, muchos me diréis que son cientos y miles los que hacen el camino en busca de otras experiencias, deportivas o místicas, ociosas, culturales e incluso por el tan señalado postureo del siglo XXI, no os ruboricéis, tan sólo abrid vuestro instagram y buscad el hastag #caminodesantiago2018 y encontrareis cerca de 9000 publicaciones, en las cuales por cierto, me ha costado un rato atisbar una imagen del Santo que da nombre a este camino. Podemos seguir probando con otro hastag, como #buencamino que registra 256k (256.000) publicaciones u otro tan original como #iperegrinos con 36,2k. Muchos pasos, poco camino. Muchas fotos pero me temo que pocos recuerdos.

Pero dejando a un lado el impacto del Camino de Santiago en las RRSS, quiero centrarme en el sentido que tiene para nosotros los cofrades, que en la Cruz de nuestro Señor vemos nuestras flaquezas y faltas, porque me sentí peregrina pero también cirinea, que cargaba con una mochila durante largas horas y muchas veces con las de mi compañero, ayudando a mis hermanos cuando su ánimo decaía y sus piernas paraban; me sentí María Magdalena cuando di de beber al que lo necesitaba, con agua o con una sonrisa, porque la sed puede ser de ánimo y fuerza; me sentí el discípulo amado cuando esperando en una piedra veía a alguno de los míos desganados, abandonados sin yo poder hacer otra cosa que recordarles que la Cruz estaba con nosotros, que el Señor nos acompañaba.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí.  Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”, Jn 14, 6-14.

Y ese era mi Camino, Él. Un camino con Él y hacia Él, mi única verdad, mi única vida. Un camino que me ha ayudado a encontrarme, pero ¿cómo podría yo encontrarme si no es encontrando al Señor en mí, en mi corazón, en cada paso, en cada kilómetro, en cada etapa y en cada día? Un Camino que supuso pruebas diarias, porque como Jesús en el desierto, tuve ganas de abandonar, tuve ganas de que fueran otros los que llevaran mi cargas, pero mi desierto sólo podía ser atravesado por mí. ¡Cuántas veces tenemos ganas de abandonar un proyecto! ¡Cuántas ganas de dejarlo todo y salir huyendo! Este es el Proyecto de Jesús, el proyecto que tiene para ti, y no vale abandonar aunque a lo lejos veas una larga cuesta, aunque el calor apriete, sólo se trata de confiar en Él, que es tu esperanza, que te ayudará a llegar a la cima de tu vida.

Y es que el camino no sólo nos ayuda a esforzarnos y a seguir caminando pese a las adversidades, sino que también nos coloca en situaciones en las que debemos elegir entre un camino u otro, decisiones que no siempre tomamos solos, que no siempre nos llevan por el camino más fácil o el más corto. ¿Cuánto sufrió Jesús en su Camino de la Cruz? ¿Acaso no puedo llevar yo este ínfimo peso, este cansancio unos metros más? Pienso en sus rodillas abiertas, en sus sienes ensangrentadas por la corona y ando más ligera, ofreciendo mi camino a los que sufren, a los que necesitan de mis pasos, a los que los dieron antes que yo, a los que me ayudan a seguir camino, a mi Señor.

“Yahveh dijo a Abraham: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré”. Gen 12, 1.

Salir para encontrar. Dejar nuestra cómoda vida para enfrentarse a una realidad compleja y extraña. Ponerse en las manos del Señor.

Y es que como Abraham salió de su tierra, yo peregrina, salí de mi casa con una mochila pequeña, con pocas prendas, pero con mucha confianza en el Señor que sería quien día a día me iría mostrando el Camino. Salí con esperanza, salí para dar respuesta a la llamada que Él nos hace a cada uno de nosotros, renunciando a comodidades, renunciando a las vacaciones, ofreciendo cada jornada al que lo necesita.

Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. (Mateo 9, 9)

Seguimos una flecha amarilla, restamos kilómetros, llegamos a Santiago, nos postramos ante el Señor. Cada uno de nosotros fuimos siendo conscientes de lo que Él quería, día a día, en su Eucaristía, rodeados de jóvenes como nosotros, sin complejos, sin máscaras, con nuestras chanclas y nuestro rostro cansado, alimentándonos de Él para seguir caminando. Sin móviles ni fotografías, tan sólo buscando un rato de oración para terminar el día, buscando el verdadero significado del Camino, recibiendo la bendición del Sacerdote, sintiéndote peregrino del Señor, siendo un hijo que busca al Padre en silencio y soledad, sin necesidad de mostrarse y exhibirse de l que hace, como dice el Evangelio: Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, bien plantados, para que los vea la gente.(Mt. 6,5)

Pero ¡cuántas veces rozamos esa hipocresía! Durante seis días he comprobado que es necesario perderse para encontrarse, que siempre es necesario buscar de nuevo el camino, ayudada por el Señor que marca mis pasos. Durante seis días he abandonado mi tierra, de forma eufemística, mis comodidades, siendo consciente de lo poco que necesito para vivir, para ser feliz. Durante seis días puse a prueba la batería de mi móvil, que parecía interminable por la falta de uso, porque en esta sociedad donde sin un GPS no sabemos llegar a ningún lado, yo llegué a Santiago de Compostela siguiendo unas flechas, preguntando y conociendo cada rincón, guardándolo en mi retina, sin necesidad de filtros ni stories.

No me tomen por un bicho raro, que mi Cofradía es una cofradía 2.0, y a petición de mi webmaster, estuve haciendo un pequeño vídeo diario para aquellos que no pudieron acompañarnos, para que nuestros hermanos y amigos pudieran ver cómo iban nuestras andanzas, mensajes que conforman este precioso vídeo que os dejo (https://www.youtube.com/watch?v=e1TjWCUBDsw&feature=youtu.be). Porque ya sabéis aquello de proclamar las grandezas del Señor, de hacer cofradía en el Camino de Santiago o en una reunión de amigos, allí siempre esta Él, Camino, Verdad y Vida.

(Publicado en http://www.unavidacofrade.es/caminoverdadyvida/)